11 ene. 2011

Por un mundo habitable para todos


Reproducimos a continuación este llamamiento firmado por Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Fundación Cultura de Paz, Martí Olivella, Director de Nova – Centre per a la Innovació Social, y Roberto Savio, Presidente emérito de IPS y editor de Othernews. El objetivo es difundir el Manifiesto 2010: por un mundo habitable para todos, que está apoyado por todas las personas y organizaciones que aparecen al final del artículo, nosotros ya hemos firmado el Manifiesto, te animamos a firmarlo y difundirlo:

La historia nos juzgará severamente si no somos capaces de dar respuesta a los retos y oportunidades que la crisis global nos plantea. En vez de financiar con 50.000 millones de dólares la reducción de la pobreza, pactada como uno de los Objetivos del Milenio, el consenso gobernante ha dedicado 50 veces más para salvar a los bancos especuladores que “son demasiado grandes para dejarlos caer”, contradiciendo su propia doctrina neoliberal de que el mercado se autoregula y que los gobiernos no deben intervenir. Los “rescatadores” empobrecidos se ven ahora acosados por las instituciones financieras que, a través de agencias de calificación de dudosa objetividad, llevan la especulación al máximo. Está clara la necesidad de elaborar un nuevo consenso que sustituya al fracasado Consenso de Washington, principal causante de la crisis múltiple (financiera, medioambiental, política, democrática, ética) que vivimos.

En vez de regular el sistema financiero, eliminar los paraísos fiscales e iniciar un proceso de desarme propio de una nueva estrategia de defensa, se sigue permitiendo una economía de especulación y guerra (4.000 millones de dólares al día en armas y en gastos militares al tiempo que mueren de hambre 70.000 personas). Es una situación éticamente inadmisible.

Después de las “burbujas” de las TIC en 1993 y de la inmobiliaria en 2007, ahora resulta que, a pesar de haber “rescatado” con el dinero de todos a las instituciones financieras, éstas no sólo no conceden créditos sino que continúan especulando y acosando a los mismos poderes públicos que les han tendido la mano.

La crisis provocada por el actual consenso –por su acción, por su omisión o por su complicidad- ha incrementado todavía el número de seres humanos que pasan hambre. Somos cómplices del “homicidio involuntario” de quienes por inanición y por vivir en condiciones humanamente inadmisibles, forman el “caldo de cultivo” del que surgen flujos de emigrantes desesperados que tratan de llegar, a riesgo de la propia vida, a las costas de la abundancia o, en otros casos, recurren a la violencia armada contra la violencia estructural que sufren.

La pobreza no siempre genera violencia. El hambre sí, con frecuencia, porque es violencia.

La civilización del carbono está muy arraigada y corremos el riesgo de continuar viviendo por encima de nuestras posibilidades, despilfarrando la energía del sol acumulada hace millones de años en forma de carburantes fósiles (carbón, gas, petróleo). Los mismos países que cambiaron los principios democráticos por las leyes del mercado y las Naciones Unidas por grupos de las naciones más ricas y poderosas de la Tierra (G7, G8,…), continúan pensando que los beneficios de las empresas transnacionales son más importantes que la vida de la actual población empobrecida o de las generaciones venideras. Desoyendo reiteradas advertencias, no emprenden acción alguna para un cambio de cultura de la energía (reducción, eficiencia, renovables, etc.) ni para moderar el cambio climático que acecha a la supervivencia de todos, ricos y pobres.

El actual consenso ha conducido a una gravísima situación, en la que el 20% de la población consume y acumula el 80% de la riqueza mientras que el 80% malvive, en un gradiente que alcanza situaciones límite, con el 20% de los recursos.

En el Consenso de Washington, siete grandes consorcios multimedia controlan la producción cultural, publicitaria e informativa del mundo, influyendo en las percepciones, emociones, visiones, deseos y decisiones de la ciudadanía, de tal forma que adoptan pautas de consumo y comportamientos que no reflejan las propias reflexiones sino los “modelos” uniformizantes recibidos.

Ha sido este consenso, incuestionable y hegemónico, el que durante las últimas décadas ha producido o agravado la crisis global -financiera, económica, energética, ambiental, alimentaria, democrática, ética –que padecemos. El consenso gobernante se originó en universidades y grupos de analistas muy conservadores, en altos círculos del poder público y privado, y se difundió en los medios de comunicación controlados por unas cuantas empresas, tomando forma en el llamado “Consenso de Washington”, que recoge el conjunto de políticas y estrategias preconizadas por instituciones de la capital norteamericana (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Departamento del Tesoro, Reserva Federal, etc.) dirigidos y asesorados por (ex) directivos de los grandes bancos y especuladores de Wall Street.

Es, pues, evidente, que el Consenso de Washington, que ha orientado las políticas que nos han llevado a la crisis global con sus funestas consecuencias para la ciudadanía y para el medioambiente, no puede continuar dirigiendo nuestro destino ni orientando el mundo. Hay que crear un nuevo consenso sobre los valores democráticos y reglas de juego políticas, económicas, financieras, mediáticas, etc. adecuadas a un mundo libre y finito. Pero este nuevo consenso no puede provenir de los que han generado o se esfuerzan en mantener el actual a toda costa.

El nuevo consenso debe realizarse con nuevos actores: con quienes han advertido que no íbamos por el buen camino, con quienes han propuesto alternativas, con quienes viven los efectos más destructores de la globalización neo-liberal, guiados principalmente por intereses a corto plazo. Unas pocas personas elaboraron el Consenso de Washington, en su inmensa mayoría hombres del Norte, gobernantes, empresarios y financieros.

El nuevo consenso debe ser elaborado por actores muy diversos: hombres y mujeres de todas las regiones del mundo, procedentes de diferentes sectores de la sociedad civil, que garanticen distintas formas de pensar pero que busquen el interés común, que proporcionen elementos para orientar las políticas públicas hacia un planeta habitable para todas las personas. Es difícil, pero no imposible: “Ningún desafío se halla fuera del alcance de la capacidad creadora de la especie humana”, proclamó el Presidente John Fitzgerald Kennedy en 1963, pocos meses antes de ser asesinado.

Ya no es momento de más estudios y análisis: es momento de concertar una acción urgente. Un grupo de Organizaciones con un Consejo Asesor Internacional , que está llegando a constar de 20 mujeres y 20 hombres de todos los continentes, ha empezado un proceso para intentar crear un consenso sobre alternativas concretas al consenso “globalizador” basado en el mercado. Aprovechando las posibilidades de comunicación y deliberación que ofrece el ciberespacio, invita a colaborar a 300 personas, mitad hombres y mitad mujeres. Las personas participantes en el “núcleo” del nuevo consenso serán proporcionales a la población de cada región del mundo (180 de Asia, 46 de África, 42 de América, 32 de Europa y 2 de Oceanía) y pertenecerán a diferentes sectores sociales como movimientos, asociaciones, ONGs, sindicatos, sector económico, financiero, comunidad cultural y científica, universidades, Foros Sociales, ex responsables de gobiernos y de organizaciones internacionales… .

Con un conocimiento riguroso de la realidad –para su transformación profunda- estos primeros participantes están aportando soluciones para hacer frente a los grandes poderes actuales a escala mundial: militar, energético, económico y mediático (el “gran dominio”). Algunas de las soluciones propuestas en aspectos clave son: 1) en el militar: el desarme nuclear y la adaptación tecnológica de la defensa a la naturaleza de los conflictos presentes, disminuyendo de forma sucesiva la imposición de armamento propio de confrontaciones pretéritas; 2) en el energético: reducción del consumo de carburantes fósiles con producción de gases de efecto invernadero, particularmente CO2, sustituyéndolo –especialmente en el consumo urbano- por fuentes renovables de energía (solares, eólica, geotérmica, ciclo “virtuosos” del metano, etc.); 3) en el económico: transición desde una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra a una economía de desarrollo global sostenible, con regulación de los mercados y eliminación de los paraísos fiscales, al tiempo que se promueve un mejor abastecimiento de alimentos por agricultura, acuicultura y biotecnología, así como la recogida, gestión y producción de agua; 4) en el mediático: asegurar la independencia de expresión y el acceso a información veraz combatiendo la concentración de medios de comunicación en muy pocas manos, por los graves riesgos de uniformización cultural ciudadana, especialmente por la desmesurada industria del entretenimiento, y la capacidad de desestabilizar democracias que privilegian la función social de la política y no la función política del mercado.

Junto a estas medidas, se propone una auténtica refundación, según establezca un gran pacto global, de un Sistema de Naciones Unidas fuerte, dotado de los medios personales, técnicos y financieros necesarios, de tal modo que desaparezca el actual sistema plutocrático y se fortalezca un sistema multilateral, que siga el diseño del Presidente Franklin Delano Roosevelt; una estructura que permita una acción bien coordinada y rápida en el caso de catástrofes naturales, disponiendo de los artificios tecnológicos adecuados y el personal preparado para hacer frente a terremotos, inundaciones, incendios…. ; que promocione financiaciones alternativas, en especial las procedentes de las transacciones electrónicas, cuyo estudio de factibilidad ha demostrado su plena procedencia; una vez comprobado que su coste no tiene el menor efecto disuasorio en el consumo, que se consiga la “normalización” del precio de las drogas, con el fin de procurar eliminar en breve plazo la desestabilización producida por la violencia, así como los desgarros sociales que el narcotráfico representa; el tráfico de armas, capitales y, sobre todo, de personas no se detendrá mientras siga imperando una total impunidad a escala supranacional.

En resumen, los participantes están presentando propuestas para decidir cómo abordar adecuadamente cinco grandes cuestiones: partiendo del mundo que queremos (sistema de valores), que nos ubiquen en el mundo finito que tenemos (sistema ecológico), para ver cómo queremos organizarnos (sistema político), cómo queremos administrarnos (en lo económico) y cómo queremos comunicarnos (sistema comunicativo). Estas propuestas, enviadas por correo electrónico al Secretariado, serán analizadas, clasificadas y traducidas en inglés, español, francés, árabe y chino y serán sometidas, finalmente, a deliberación en una plataforma informática, de tal modo que se pueda conocer el grado de acuerdo alcanzado.

El 31 de enero de 2011 se habrá elaborado un borrador de Declaración, que será presentado al Foro Social Mundial que tendrá lugar en Dakar del 7 al 11 febrero de 2011 y posteriormente se aprobará, por Internet, el nuevo Consenso de Barcelona.

La versión 1.0 del “Consenso de Barcelona” orientará a los diferentes sectores y países sobre cómo sustituir el actual Consenso de Washington por un nuevo consenso que permita, en pocos años, ir forjando un mundo habitable y pacífico para todos. Será el primer fruto de una naciente comunidad intercultural e intersectorial, que considera que ha llegado el momento de una gran movilización cívica a escala planetaria. Deberá ampliarse y fortalecerse para ir avanzando en consensos de valores, de reglas de juego políticas, económicas, comunicativas, ecológicas… que aseguren una cobertura sostenible de las necesidades humanas básicas de toda la población mundial en un mundo finito. El proceso se halla abierto, por ello, a las aportaciones de la sociedad civil mundial. Esperamos que el Consenso de Barcelona, contribuya a articular los nuevos puntos de referencia que el mundo necesita para redimensionar la dinámica global y delinear nuestro bien más preciado: el porvenir.

Organizaciones:
Alliance for Freedom and Dignity (Barcelona, España), Ubuntu - Fòrum Mundial de Xarxes de la Societat Civil (Barcelona, España), IDHC - Institut de Drets Humans de Catalunya (Barcelona, España), Fundació Alfons Comín (Barcelona, España), Centre d'Estudis sobre Moviments Socials, UPF (Barcelona, España), Illacrua (Barcelona, España), Fundació Cultura de Pau (Madrid, España), Patrir - Peace Action, Training and Research Institute of Romania (Cluj, Romania), CRID - Centre de Recherche et d'Information pour le Developpement (París, Francia), Association européenne pour la défense des Droits de l'Homme (Brusselas, Bélgica), ALOP - Asociación Latinoamericana de Orgs. de Promoción al Desarrollo (Ciudad de México, México), IBASE - Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas (Rio de Janeiro, Brasil), CAD - Coalition des Alternatives Africaines Dette et Developpement (Bamako, Mali), Palestinian Medical Relief Society (Ramallah, Palestina), CETRI - Centre Tricontinental (Lovain-la-Neuve, Bélgica), Demos (México).

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