18 may. 2011

DEMOCRACIA: Utopias y Realidades


Hace apenas un par de siglos, cuando se alzaron las primeras voces manifestando que era indigno de la condición humana que una persona pudiera comprar a otra en un mercado y disponer de su vida como de la de cualquier otro objeto de su propiedad, no sólo se les llamó utópicos, ilusos e ingenuos, se les recordó, con cierta aunque insuficiente lógica, que nunca se cambiaría aquello que había sido costumbre durante miles de años, desde el mismo nacimiento de la humanidad.
   
Hoy, la sola idea de comprar un ser humano nos repugna y parece, simplemente, absurda.
    Hace exactamente un siglo, en la época de nuestros abuelos, cuando surgía en los distintos parlamentos europeos el debate sobre la posibilidad de otorgar derecho a voto a las mujeres, el proceso histórico se repitió una vez más: quienes eran tachados de utópicos, ingenuos y alejados de la realidad proponían la equiparación de derechos de esa mitad de la humanidad injustamente alejada de las decisiones sociales. Los conservadores de entonces, al tiempo que insultaban y se mofaban de los hombres y mujeres progresistas, aseguraban que tal cosa nunca sería realidad.
    Hoy nos parece tan natural que las mujeres voten que ni los grupos ultraconservadores se atreven a cuestionarlo.
    Esos dos cambios sociales, posiblemente los de mayor trascendencia en la historia de la humanidad, no se produjeron tras una cruenta guerra mundial, a pesar de que afectaban, a todas las sociedades humanas del planeta, sino mayoritariamente mediante el diálogo.
    Hoy en día son cada vez más numerosos los grupos que plantean que es necesaria una reestructuración de los sistemas democráticos para transformarlos, mediante el voto electrónico a través de sistemas informáticos, en sistemas de participación continua de los ciudadanos, en sistemas verdaderamente democráticos, que evitarían tanto leyes injustas como el estallido de conflictos bélicos que sólo benefician a ciertas corporaciones empresariales.
     Lo denominan “democracia directa” o “democracia participativa”.
     Hay quien les tacha de utópicos e ingenuos.

Actualmente, la cifra de gasto anual en armamento equivale al 2,4% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y a 217 dólares por cada habitante del planeta, sin embargo los gobiernos se muestran incapaces de apartar de ese gasto monstruoso el 1% necesario para evitar la muerte, cada día, de 36.000 niños por falta de comida o medicinas básicas. 

¿Sería posible un mundo tan injusto si los ciudadanos votáramos las principales leyes que nos gobiernan en una democracia más evolucionada?
¿Cuánto tardaríamos en prohibir por ley las guerras y los paraísos fiscales?
¿Votaría usted  regalar cientos de miles de millones de dinero público para salvar empresas y bancos privados mal administrados, los mismos que provocaron la crisis actual con su codicia y pésima gestión?
¿O votaría usar la milésima parte de ese dinero público para salvar a diario la vida de esos 36.000 niños que mueren por causas evitables?

¿No es posible hacer evolucionar la democracia hasta ese punto? Eso se decía, hace justo un siglo, sobre la capacidad de votar de las mujeres y hace dos siglos, sobre la capacidad de tomar decisiones sociales de quien no perteneciera a la aristocracia.
     Quienes hacemos del estudio de la historia un trabajo, un placer, o ambas cosas, sabemos que ese ha sido el continuo y repetido proceso que ha hecho evolucionar las sociedades humanas, el reparto, cada vez más igualitario y horizontal, de la toma de decisiones que afectan al conjunto de los ciudadanos.
     El tiempo ha venido a mostrar que, al final, el ingenuo no es quien plantea una idea aparentemente utópica o una solución basada en el diálogo en vez de en la fuerza.
     Los verdaderos ingenuos, la historia lo ha demostrado reiteradamente, han sido quienes han creído poder detener la evolución, quienes aún no han aprendido aquella magistral lección que Heráclito nos enseñó en una sola frase:

   "Lo único permanente es el cambio".

Nekovidal – nekovidal@arteslibres.net


Una de las movilizaciones convocadas por el movimiento pacífico Democracia Real Ya, en más de 50 ciudades por todo el estado español el pasado domingo. Manifestacion en Madrid por el cambio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante su artículo, hay que desarrollar la democracia que tenemos, totalmente de acuerdo con lo de utilizar las tecnología, podríamos votar todos los días...
pienso que hay que trasladar el modelo de chiapas a los ayuntamientos a través de asambleas de barrios, los alcaldes deben de cumplir lo que acuerden las asambleas, osea servir al pueblo.
Yo no tocaría las elecciones generales pero las municipales las eliminaría.
Cerebro sí, músculo no.

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión. Debemos recordar que habitualmente en la historia se han calificado de utópicos, e incluso de locos, a políticos, investigadores, artistas, a los grandes personajes que han cambiado la historia. ¡A ver si aprendemos de una vez que la locura es ver más allá!

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