13 abr. 2013

LAVADO DE CEREBRO



Nuestro cerebro tiene la tendencia innata a dejarse llevar por insinuaciones a usar o preferir algo. Es lo que en inglés llaman priming: estimular la memoria inconsciente para que una persona piense o elija de determinada manera.

Para lograrlo existen muchos recursos. Uno de los más efectivos el efecto de la ilusión de verdad, que consiste en la repetición constante de un mensaje: no importa si es verdadero o falso, por el hecho de sentirlo familiar y “haberlo escuchado antes” la mente tiende a considerarlo como cierto. Este es el poder de los slogans electorales y el argumento detrás de la estrategia de Goebbles durante los años del nazismo. Repite una mentira lo suficiente como para que el pueblo lo acepte como una verdad.

Otra de las características de la psique humana es su percepción selectiva. De esta manera se retroalimenta con argumentos que le resultan coherentes a sus juicios y toma con pinzas todo aquello que le resulta contradictorio. En esta “construcción de la realidad” la mente termina montándose la película que sus creencias le proyectan. Y cuando el fenómeno se contagia en una comunidad el asunto adquiere dimensiones espectaculares: el criterio individual se sintoniza con el grupo. O si nos entendemos como mamíferos que somos, con la manada.

¿Existe alguna defensa ante estos lavados? Por supuesto que si, comenzando por una conciencia despierta. Claro que el verbo despertar le resulta muy apetecible a los mismos intereses que buscan manipular el criterio (sean políticos, gurús o mesías de turno) pero en el fondo se trata de hacer un ejercicio simple y poderoso: ver la realidad tal cual es.

 Ahí es donde cabe la pregunta ¿Las cosas son realmente como me dicen que son? ¿Cómo las experimento en el momento presente? ¿Hasta dónde me arrastran las emociones y a dónde me lleva la razón?

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