7 feb. 2015

TV BASURA

“Obras de teatro, farsas, espectáculos, gladiadores, bestias extrañas, medallas, cuadros, y opiáceos.Estos eran para los pueblos antiguos el cebo hacia la esclavitud, el precio de su libertad, los instrumentos de la tiranía. Por estas prácticas y tentaciones de los antiguos dictadores tuvieron a sus súbditos bajo el yugo.Los pueblos estaban estupefactos, fascinados por los pasatiempos y placeres vanos que brillaban ante sus ojos.Aprendieron el servilismo ingenuamente, pero no tan honrosamente como los niños aprenden a leer mirando brillantes libros ilustrados “. – Etienne de La Boétie (1548)
A los occidentales les encantan los programas de Reality.Las situaciones de drama, insultos, intimidación, insensibilidad, relaciones… todo esto registrado por cámaras.Por ejemplo, en España estamos atentos a un grupo de personas encerradas en una casa 24 horas, o vemos como un jefe se infiltra en su empresa para ver como trabajan sus empleados, o vemos a niños y adultos compitiendo por ver quien cocina mejor, quien canta mejor, quien baila mejor… 
Todo ello aderezado con insultos, enfrentamientos, faltas de respeto, competencia feroz, traiciones y un largo etcétera.
¿Por qué funcionan?
He aquí una pista: Contra más tiempo esté una persona viendo programas de Reality, más difícil será distinguir para ella entre lo que es real y lo que se crea cuidadosamente para crear polémica.En Estados Unidos, gastan un promedio de cinco horas al día viendo la televisión. En el momento que estas personas cumplan los 65 años, verán más de 50 horas de televisión a la semana , y ese número aumentará a medida que envejecemos.Y los programas de Reality captan el mayor porcentaje de televidentes cada temporada en una aproximada relación de 2 a 1.
El periodista Scott Collins lo deja claro: “La telerealidad es una forma barata de llenar el prime time”.Pero la auténtica verdad es que estamos siendo sometidos a un experimento sociológico magistral que se basa en embrutecer y desensibilizar a la población.Esto no augura nada bueno para la ciudadanía, ya que el propósito principal es que nadie piense críticamente sobre los temas de actualidad.Un estado de hipnosis colectiva dirigida a creernos todo lo que veamos en esos programas basura.
El periodista Chris Weller da más detalles sobre el tema: “Los productores han llegado a ser tan buenos en su tarea de construir un guion coherente que imite a la vida, que el guion termina haciendo que la vida real sea una imitación. Esto es una detalle importante. El drama no surge por casualidad. Es intencionado. Pero no todo el mundo lo sabe.Los Reality TV se venden como una ficción que no es ficción, a un público que le gusta creer que ambas cosas son posibles de forma simultánea en la vida real”, continúa Weller. “Es entretenimiento, de la misma manera que el Cirque du Soleil encanta y Los Juegos del Hambre cautiva. Pero, ¿qué vamos a hacer a la realidad irreal? ¿Y qué hacen sus espectadores? ¿Imitan lo que ven y oyen? ¿Se vuelven superficiales? La respuesta es SI, lo imitan”Numerosos estudios sugieren que las personas que ven Reality Shows tienden a pensar que lo que ven es “lo normal”.Por lo tanto, los que ven programas caracterizados por la mentira, la agresión y la mezquindad no sólo ven este tipo de comportamiento aceptable , además les resulta entretenido.

 Es un fenómeno llamado “humillacimiento “, un término acuñado por los especialistas en medios Brad Waite y Sara Booker para referirse a la tendencia de los espectadores a sentir placer en la humillación, el sufrimiento y el dolor de otra persona. Esto en gran medida no sólo explica por qué los telespectadores están tan obsesionados con los programas de telerealidad, además explica por que los ciudadanos viven aislados en una burbuja desconociendo gran parte de lo que realmente está sucediendo en el mundo.

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