10 oct. 2011

OSHO: Que pasa cuando dormimos?


Un descubrimiento increíble que han puesto de manifiesto estos experimentos es que el hombre pasa casi toda la noche soñando. Al despertar, algunas personas decían que no habían soñado, mientras que otras decían que sí habían soñado. La única diferencia era que las que tenían mejor memoria recordaban haber soñado, mientras que las que tenían peor memoria no lo recordaban. Se descubrió, no obstante, que una persona completamente sana era incapaz de caer en un sueño profundo y sin ensueños durante diez minutos.                 

Es posible detectar los ensueños con máquinas. Ciertos nervios del cerebro permanecen activos en nuestro estado de ensueños, pero cuando cesa el ensueño los nervios dejan de ser activos, y la máquina indica que se ha producido un intervalo vacío. El intervalo vacío muestra que, en aquel momento, la persona no estaba ni soñando ni pensando, estaba perdida en alguna parte.

Es interesante que las máquinas siguen registrando movimientos dentro de la persona mientras ésta se encuentra en el estado de ensueños, pero en cuanto cae en el sueño sin ensueños la máquina muestra un intervalo vacío. No saben dónde fue a parar la persona en ese intervalo. Así pues, el sueño sin ensueños significa que la persona ha llegado a un lugar más allá del alcance de la máquina. Es en ese intervalo cuando la persona entra en lo divino.

La máquina es incapaz de detectar este espacio intermedio, este vacío. La máquina registra la actividad interna mientras la persona esté soñando; después, llega el intervalo vacío y la persona desaparece en alguna parte. Y después, al cabo de diez minutos, la máquina se pone a registrar de nuevo. Es difícil determinar dónde estuvo la persona en ese intervalo de diez minutos. A los psicólogos estadounidenses les intriga mucho este intervalo vacío; por esta razón, consideran que el sueño es el mayor de los misterios. La realidad es que, después de Dios, el sueño es el único misterio.

 La  diferencia es que a través del sueño uno entra en Dios en estado inconsciente, mientas que a través de la meditación uno entra en Dios en estado consciente.
El día que desaparecen los ensueños, también desaparecen los pensamientos; el día que desaparecen los pensamientos, también desaparecen los ensueños.  Si el día está vacío de pensamientos, la noche estará vacía de ensueños.  Y recordad que los ensueños no os permiten dormir y que los pensamientos no os permiten despertar.  Procurad entender ambas cosas: los ensueños no os dejan dormir y los pensamientos no os dejan despertar.  Si desaparecen los ensueños, el sueño será total; si desaparecen los pensamientos, el despertar será total.

Para dormir, la circulación de la sangre debe hacerse más lenta (la situación deberá ser exactamente la contraria que al correr). La segunda condición es, pues: relajar la respiración.

Cuando los pensamientos se aceleran, la sangre tiene que circular rápidamente en el cerebro; y, cuando sucede esto, el sueño se hace imposible. Es condición para el sueño reducir el flujo de sangre al cerebro. Por eso nos servimos de almohadas, para reducir el flujo de sangre al cerebro. Sin almohada, la cabeza yace al mismo nivel del cuerpo, y, por ello, la sangre fluye en la misma proporción por todo el cuerpo, de la cabeza a los dedos de los pies. Cuando se levanta la cabeza, a la sangre le cuesta ascender; se reduce su flujo en el cerebro y circula por el resto del cuerpo. Por este motivo, cuanto más le cueste a la persona quedarse dormida, más almohadas deberá ponerse bajo la cabeza para levantarla. Cuando se reduce el flujo de sangre, el cerebro se relaja y a la persona le resulta fácil quedarse dormida.

Con el flujo rápido de pensamientos, la sangre también tiene que fluir más deprisa; porque para que se mueva un pensamiento, éste necesita apoyarse en el flujo de la sangre. Las venas del cerebro empiezan a trabajar más deprisa. Debéis haber advertido que cuando una persona se enfada, se le hinchan las venas. Esto se debe a que las venas tienen que hacer más sitio para que circule más sangre por ellas. Cuando la cabeza se tranquiliza, también disminuye la presión sanguínea.

Con la ira, la cara y los ojos se ponen rojos. Esto se debe al incremento del flujo de sangre por las venas. En ese estado, los pensamientos se mueven tan deprisa que la sangre tiene que circular también más deprisa. Y también la respiración se acelera. Cuando el sexo se apodera de la mente, la respiración se hace muy pesada y la sangre fluye más deprisa. Como los pensamientos se mueven muy rápidamente, la mente empieza a funcionar tan deprisa que todas las venas del cerebro empiezan a llenarse de sangre que fluye a gran velocidad.

Por tanto, las condiciones primeras para la meditación son las mismas que las aplicables al sueño, relajar el cuerpo, relajar la respiración, soltar los pensamientos. Las condiciones primeras se cumplen igualmente para el sueño y para la meditación. La diferencia es la condición final. En el sueño, nos quedamos dormidos profundamente; en la meditación, nos quedamos plenamente despiertos: eso es todo.

Del libro Aqui y Ahora- OSHO

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