9 dic. 2012

El Silencio y la Oración




Yo comienzo la oración siempre por el silencio.

Pues es en el silencio del corazón donde habla Dios.

Dios es amigo del silencio y debemos escucharle porque lo que cuenta no son nuestras palabras sino lo que él dice, y lo que dice a través de nosotros.

La oración nutre el alma: lo que la sangre es para el cuerpo, es la oración para el alma.
Nos acerca a Dios, purifica y limpia nuestro corazón.

Una vez purificado el corazón podemos ver a Dios, hablarle y
descubrir su amor en la persona de cada uno de nuestros hermanos humanos.

Si vuestro corazón está puro, vosotros seréis transparentes en la presencia de Dios, no disimularéis nada,  y entonces le ofreceréis libremente lo que él espera de vosotros.
 
Teresa de Calcuta

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