26 jun. 2009

Amado Nervo: Dos cortitas

Así, pues, la arcilla de que estoy formado sirvió ya para millones de millones de hombres, No hay una célula mía que no haya sido de otros, que no haya sufrido y amado en otros.
Durante mi misma vida no hago más que trocar células con los extraños.
En el aire que respiro, en el agua que bebo, en los alimentos que me sustentan, está la sustancia de millares y millares de existen cias ajenas.
No hay, quizás, un genio o un santo del cual no tenga cuando menos una célula, y no hay tampoco un criminal, un necio, un monstruo, del cual no posea algo como forzosa herencia.
Y así en cada instante de mi vida está toda la humanidad, están todos los seres, está todo el Universo.

Dijo el hombre: Señor, Tú mandas que ame al prójimo como a mi mismo; que dé de comer al hambriento, que dé de beber al sediento, que vista al desnudo . Mas acaso el prójimo, mi hermano, ¿¡no es más hijo tuyo que hermano mio?
Y eres Tú, sin embargo quien lo deja desnudo y hambriento y sediento y dolorido......
Hijo mio, ...Yo amo a los hombres con tu corazón y con todos los corazones;
los socorro con tu mano y con todas las manos; lloro sus angustias con tus ojos y con todos los ojos.....

De El Arquero Divino-Amado Nervo

Amado Nervo nació en Tepic, México, en 1870. Era un escritor fino y elegante, con ese aspecto de hombre reservado y soñador que por mucho tiempo identificó a los poetas.
Aunque se le conoce sobre todo por su poesía, Nervo escribió, también, muchos cuentos, donde hablaba limpiamente y con sencillez.
Este autor mexicano se llamaba en realidad José Amado, pero prefirió firmar con el nombre de su padre todo lo que escribió, desde los primeros artículos que desde muy joven enviaba a los periódicos y revistas.
Tuvo de joven intenciones de ser cura, pero luego encaminó su actividad a la diplomacia y representó a su país en Argentina, España, Uruguay y Paraguay.
Un periódico lo envió a la Exposición de París de 1900, para que desde allí enviara noticias y entonces conoció a un bella muchacha, Ana Cecilia. Se amaron diez años, hasta que ella murió y él le dedicó su más famoso libro: La amada inmóvil. Allí en París también se encontró con Rubén Darío, el representante máximo del modernismo.
En el año 1919, Amado Nervo murió en Montevideo, Uruguay.

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