6 jun. 2010

Vivimos en un mundo holográfico?



En un holograma, cada parte está en el todo y el todo está en cada parte. Sin embargo, lo más importante reside en que la parte tiene acceso al todo.
Si el cerebro funcionase como un holograma, podríamos conjeturar, tendría acceso a un todo mayor, a una esfera de frecuencia holística que trascendería los límites del espacio-tiempo. El ser humano poseería un potencial mental inmenso en relación al que se cree que posee.


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¿Y si la realidad (todo lo que, en primera instancia, ves, palpás y olés) fuera un gigantesco holograma? Esa sugerencia parece salida del guión de una de las películas de George Lucas... Sin embargo, nada parece estar más cerca de la verdad si prestamos atención a recientes desarrollos teóricos interdisciplinarios.

Para la física quántica, la inverosímil conjetura comienza a ser una realidad que podría revolucionar las fronteras de la ciencia. Según una opinión difundida en el mundo científico, existiría evidencia suficiente como para sugerir que nuestro planeta (así como todo lo que existe en el Universo) es un entramado de imágenes fantasmas, proyecciones provenientes de un nivel ubicado más allá de la realidad, el tiempo y el espacio tal como los concebimos. Quienes defienden esta idea son dos importantes pensadores contemporáneos. Uno de ellos, David Bohm, otrora discípulo dilecto de Albert Einstein, es miembro de la Universidad de Londres y uno de los más respetados nombres de la física quántica; el otro es Karl Pribram, neurofisiólogo de la Universidad de Stanford.

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