26 jul. 2009

Los Hombres Sagrados de la India



La personalidad de los sadhus es muy carismática y encanta a quien tenga la oportunidad de conocerlos y compartir alguna enseñanza espiritual que su cultura religiosa pueda ofrecer. Existen algunos que aman ser fotografiados, demuestran sus habilidades en yoga, y caminan orgullosos y felices bendiciendo a quien se les cruce por delante.
Como tales, son considerados seres iluminados, capaces de dar luz donde exista oscuridad espiritual, los fieles se les acercan para recibir sus bendiciones, muchas veces la emoción llega a las lágrimas, son especialmente respetados y amados por esta cultura. Caminan como dioses entre multitudes de coloridos vestidos en las congestionadas calles de La India.
Cuando miran a los ojos, profundizan el alma y leen los que otros no pueden, sonríen o enfrentan con simples preguntas que sacuden el espíritu y nos hacen limitarnos a nuestra realidad humana, tan llena de expectativas materiales que sólo cuando miramos a ellos, cubiertos tan sólo por cenizas sagradas y con una amplia sonrisa, nos enseñan que la felicidad está en el corazón, que sobre pasa vestimentas o el mundo material. Nos recuerdan que la Iluminación es una meta universal del ser humano, no sólo de La India, que caminos hay muchos y el de los sadhus, sólo es uno más...

Para comprender un poco más sobre La India, es necesario imaginar el contexto animista en el que se inserta su sociedad, es decir, nos adentramos en un mundo donde no es extraño observar que los árboles, animales o montañas se transformen en entidades divinas. Existe la creencia que todos los elementos que rodean el espacio del hombre poseen un carácter sagrado.
Esta condición es extendida también sobre los mismos hombres que, como entes también espirituales, buscan la Iluminación.
La sociedad entera tiene un ideal sagrado de espiritualidad, aunque pocos la entienden, y si lo hacen, pocos la logran alcanzar.
La Iluminación, sería un estado entendido como un conocimiento absoluto de la vida sin ninguna modificación mental, entre otros muchos aspectos que se refieren a ella.
Aunque corresponde a un ideal de toda la cultura de India, desde el punto de vista hindú, sólo es alcanzada por aquellos que después de muchas reencarnaciones han logrado desprenderse de todo apego a este mundo concreto o maya. Un concepto que se entiende a algo así como un Matrix occidental.
El sendero espiritual, tiene varias alternativas, entre ellas, está el camino del Sadhu o el hombre sagrado hindú. Dicen, que es un camino rápido, puesto que implica tanto desprendimiento a las cosas de “este mundo”, que muchos de ellos pasan hambre o se someten a impensables sacrificios físicos para lograr el estado de iluminación..
Es un camino lleno de restricciones y de duro aprendizaje, que inspira y que ha creado durante siglos a los santos de La India.

Son infaltables aquellos que optan por esta calidad de vida sólo para alejarse de algún problema personal o no trabajar y así, dedicarse a mendigar sus alimentos, usando atuendos o símbolos religiosos de poder.
Los sadhus son considerados sagrados, incluso a veces, como reencarnaciones de las mismas divinidades. Han cortado con todo vínculo que los unía a su pasado o a los hombres ordinarios, como el de la familia y a toda pertenencia material.
Su existencia nace casi paralela a la historia de la India hace más de 4 mil años. Existen sedentarios e itinerantes, todos ellos igualmente reconocidos con diferentes objetivos. Los sedentarios tienen un contacto menor con la sociedad y generalmente se retiran a las soledades de desiertos o montañas para meditar. Los itinerantes o nómades practican el desapego a las personas y a los lugares, quedándose sólo un tiempo determinado por ellos mismos. Hacen de consejeros en los pueblos que visitan y bendicen las casas donde reciben los alimentos que mendigan.
Todos ellos, se basan en las mismas reglas como es, la pureza de pensamiento, ayudada por la meditación diaria, sentido de contentamiento o resignación, austeridad, el estudio de las escrituras, la alabanza a sus dioses y la vida pacífica.
Ellos deben nutrirse con una dieta sencilla, en el pasado esto sólo se reducía al paroti, o pan tradicional de esta cultura, con esto era suficiente para sobrevivir. Jamás debían llegar a mendigar en medio de una cena, sólo cuando las familias hubieran terminado, así estos recolectarían sólo las sobras y no se acostumbrarían a las comodidades de los hombres ordinarios.

Sus vestimentas varían desde el blanco para los renunciantes, el azafrán que representa la castidad, amarillo o el rojo que generalmente se deduce de las prácticas tántricas.
El color depende de la secta, y a veces incluso, andan desnudos como los sadhus nagas quienes sólo se cubren el cuerpo con cenizas del fuego sagrado que siempre les acompaña, además les sirve de desinfectante natural y los protege del frío y del calor.

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