22 ago. 2009

SALUD: Amalgamas



Cuidado con el mercurio

El mercurio que contienen las amalgamas con que algunos profesionales empastan todavía las piezas dentales puede causar una grave intoxicación a nivel orgánico. Intoxicación conocida por médicos y autoridades, quienes sin embargo hacen caso omiso de los cientos de estudios que demuestran su potencial peligro para la salud.
Ni en Japón, ni en Rusia, ni en Suecia, en ninguno de esos países se utilizan ya las amalgamas para hacer empastes dentales. Bueno, no es sólo que no se utilicen sino que su uso está terminantemente prohibido porque las autoridades sanitarias consideran que está suficientemente demostrada la toxicidad de las amalgamas a causa del mercurio.
Está comprobado -así lo indican numerosos estudios en todo el mundo- que el mercurio es absorbido por el cuerpo y que, en su lento recorrido hasta el cerebro -lugar en el que acaba almacenándose-, va provocando daños físicos en los distintos tejidos, órganos y sistemas humanos además de alteraciones psíquicas y emocionales de diverso tipo.

¿QUÉ ES UNA AMALGAMA DENTAL?
Dice el diccionario que una amalgama es una aleación de mercurio con otro metal. Las que se emplean en Odontología para empastar dientes y muelas -y que salpican de gris metálico nuestras bocas- se elaboran mezclando mercurio líquido (50% del volumen total) con plata (35%), estaño (13%), cobre (2%) y una pequeña cantidad de zinc. Con esta fórmula se obtiene un material -la amalgama- que es utilizado para hacer empastes dentales desde principios del siglo XIX. Y ya desde entonces algunos miembros de la comunidad científica plantearon dudas sobre su inocuidad.
Sus defensores afirman que aunque es conocida la alta toxicidad del mercurio no existe riesgo para la salud de quien lleva una amalgama porque el metal queda bloqueado indefinidamente dentro del diente reconstruido en el interior de la propia amalgama. Sin embargo, estudios llevados a cabo por sus detractores demuestran que en sólo 5 años un 30% del mercurio se ha evaporado de la amalgama por lo que, al menos, cabe la duda de que este material de obturación dental sea tan estable como algunos defienden.
¿Y a dónde va ese volumen de mercurio "perdido"? Pues no muy lejos. Al parecer, el metal es reabsorbido por el propio cuerpo y, a través de la sangre y la linfa, recorre todo el organismo almacenándose en los tejidos y provocando daños.

"DELITO CONTRA LA HUMANIDAD"
Y son tales los daños provocados por el mercurio contenido en la amalgama que algunos de los científicos y toxicólogos que se han encargado de comprobarlos y evaluarlos han llegado a calificar su uso de "grave delito contra la humanidad". En ese sentido, el Instituto Federal de Medicamentos de Alemania afirmaba ya en 1998 que "la amalgama contribuye mensurablemente a la contaminación del hombre".
Se comprende que no podemos dar cabida en estas páginas a todos los informes existentes al respecto pero sí consideramos apropiado mencionar algunos de los más concluyentes y contrastados. Saque el lector sus propias conclusiones.
David Eggleston, profesor del Departamento de Odontología de la Universidad de California (EEUU), afirma haber constatado una disminución de la cantidad de linfocitos T (células del sistema inmune) en pacientes con empaste de amalgama.
También son preocupantes los resultados de recientes estudios llevados a cabo por el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) que revelan la presencia de mercurio en el cerebro. Según el director del estudio, el profesor Magnus Nylander, el metal llega al cerebro a través de la sangre. Y la cantidad de mercurio que ha encontrado en el cerebro de los cadáveres estudiados está en función del número de empastes de amalgama que presenta cada uno de ellos. Nylander afirma que, aunque aún no se han logrado establecer los valores de mercurio que dañan el cerebro, estos deberían de ser "cero o casi cero" dada la delicadeza del tejido cerebral. Es decir, que cualquier cantidad de este metal que se encuentre en el cerebro estará provocando daño.
Muy significativos son los resultados de otro estudio realizado también en Suecia que asocian los síntomas del llamado síndrome de fatiga crónica con la presencia de amalgamas en la boca en un 81% de los casos.
Otro investigador, en este caso el doctor Gilbert Crussol, afirma que por encima de 50 microgramos por metro cúbico una habitación -e, incluso la consulta de un dentista- debería ser declarada insalubre; y llama la atención acerca del hecho de que en las bocas de algunos pacientes se pueden encontrar dosis de 400 a 600 microgramos, es decir, más de 10 veces las dosis admisibles para una habitación.
Pero, sin duda alguna, hoy en día el crítico más mordaz de la amalgama es el toxicólogo alemán Max Daunderer que ha comprobado intoxicaciones en más de 10.000 pacientes.
"Estamos sorprendidos -afirma Daunderer- de los daños provocados por la intoxicación crónica que causa el mercurio de las amalgamas dentales. Probablemente sólo en Alemania mueren miles de personas bajo los signos de un infarto o de un ataque de apoplejía que se deben en realidad a la amalgama".
Este investigador asegura también haber constatado la repercusión de la amalgama sobre la fertilidad humana: "La intoxicación crónica de amalgama es seguramente también una causa frecuente de infertilidad. Al menos, varias mujeres infértiles quedaron embarazadas después de haberles eliminado sus empastes de amalgama".
Pero hay más datos escalofriantes que Daunderer ha hecho públicos: "En Alemania mueren cada año unos 1.500 bebés por muerte súbita infantil. Bueno, pues investigaciones realizadas en Suecia informan de almacenamientos altos de mercurio en el cerebro del bebé que pueden proceder de las amalgamas que llevan las madres. Por tanto, hay que sospechar que la amalgama es también un factor de muerte súbita infantil".

MERCURIO EN LA BOCA, VENENO EN EL CUERPO
Sepa el lector que tener siete empastes de amalgama supone una cantidad de 2 gramos de mercurio puro. Y sepa también que tan sólo 1 gramo de mercurio conduciría a la muerte si se administrara por inyección directa. Y si es tan tóxico, ¿cómo se explica que podamos llevar esa peligrosa carga sin que aparentemente nos ocurra nada?
Pues por dos motivos: primero, porque en la amalgama el mercurio se presenta en su forma metálica que es relativamente poco tóxica y, segundo, porque su absorción se produce lentamente. Eso sí hay que aclarar que el mercurio se evapora a sólo 20º C y en esta forma gaseosa sí es altamente tóxico. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en el interior de la boca en ocasiones se alcanzan temperaturas superiores a los 40º C por lo que se produce una continua liberación de vapor de mercurio que es absorbido por el cuerpo. Esta liberación aumenta en determinadas situaciones, por ejemplo, al masticar fuertemente, utilizar pastas dentífricas con flúor, ingerir comidas y bebidas muy calientes o ácidas, fumar o masticar chicle.
Y una vez liberado de la amalgama, según los investigadores, el mercurio es absorbido por el cuerpo a través de cuatro vías:
1) Desde la cavidad bucal y nasal llegan vapores de mercurio al torrente sanguíneo y de ahí a todos los órganos y al cerebro.
2) Los vapores se ingieren parcialmente por los pulmones a través de las vías respiratorias. Así pasa también a la circulación sanguínea donde se transforma parte de ese vapor en una forma aún más tóxica al oxidarse los iones del mercurio. Puesto que órganos como el hígado, el corazón y los riñones trabajan como filtros sanguíneos es en ellos -y también en el cerebro- donde se almacena principalmente este metal tóxico.
3) Cuando masticamos se desprenden partículas de mercurio en su forma metálica y se tragan. La flora intestinal transforma esas partículas en la forma más peligrosa del metal: el mercurio metílico. Este proceso se llama metilación y está confirmado por numerosos experimentos y estudios aunque pretenda ser desmentido por muchos dentistas y odontólogos. Ese mercurio metílico pasa desde el intestino a la sangre y de ahí a todos los órganos.
4) El metal se difunde a través de las encías, las raíces dentales y la mandíbula hasta el sistema nervioso central y el cerebro.
Al principio, el cuerpo intenta acabar con el mercurio pero numerosos estudios confirman que el propio metal perjudica y hasta bloquea determinadas hormonas, receptores y enzimas, lo cual se refleja en múltiples enfermedades, trastornos y disfunciones que son síntomas de una intoxicación por mercurio y que el toxicólogo Max Daunderer resume en: poca vitalidad, irritabilidad, problemas de coordinación, dolor de cabeza, mareos, temblores, molestias intestinales, pérdida de memoria, insomnio, pérdida de apetito, debilidad muscular, dolor de espalda, alergias, nerviosismo, depresión, sistema inmune debilitado o anemia.
¡Quién iba a imaginar que tras esos síntomas pudieran estar unas simples amalgamas dentales!

INTOXICACIÓN CRÓNICA
Como decimos, la liberación del mercurio y su absorción por distintas vías provoca una intoxicación lenta y crónica. Además de Daunderer, otros investigadores han descrito los trastornos a los que al parecer dan lugar. Como el listado es extensísimo, sólo recogemos algunos:
-Trastornos corporales: vista borrosa, reducción del campo visual, dificultades auditivas, atrofia del hueso manillar, mal aliento, sabor metálico en la boca, inflamación de la mucosa bucal, alteraciones del ritmo cardiaco, presión sanguínea baja, respiración irregular, resfriado crónico, aumento de los ganglios linfáticos del cuello, dolores articulares, debilidad en las piernas, insensibilidad y hormigueo en manos y pies, dermatitis y descamación de la piel, problemas renales, espasmos estomacales, diarrea, colitis, etc.
-Trastornos psíquicos: desgana, mal humor, depresión, problemas de memoria y de concentración, trastornos del sueño y somnolencia diurna, fotofobia, etc. -trastornos del sistema nervioso: dolor de cabeza, vértigo, temblor de manos, pies, labios o párpados, trastornos del habla, neuralgias del trigémino, etc.
-Trastornos del sistema inmune: al unirse a las proteínas celulares el mercurio forma moléculas de un alto peso molecular por lo que el organismo las identifica como cuerpos extraños y trata de destruirlos mediante los glóbulos blancos. Con esto se produce una destrucción de células del propio cuerpo y la contaminación de los glóbulos blancos al digerir el mercurio que contienen las células destruidas.
-Trastornos de la sangre: el mercurio se une bioquímicamente a las proteínas celulares y, entre ellas, a la hemoglobina, proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar el oxígeno. Al unirse a ella el mercurio provoca que la cantidad de oxígeno transportado por cada glóbulo rojo sea menor lo que es causa de fatiga, debilidad muscular, mareos y pérdida de memoria, entre otras dolencias. También se ha comprobado que una sola parte de mercurio frente a diez millones de partes de sangre es capaz de destruir la membrana celular de los glóbulos rojos.
-Trastornos generales: temperatura corporal baja, manos y pies fríos, sudoración excesiva sin esfuerzo físico, etc. También algunos investigadores han observado que las amalgamas dentales provocan en algunas mujeres alteraciones ginecológicas que pueden derivar en problemas graves de infertilidad y aborto. En cuanto a lo que se refiere a los hombres que llevan amalgamas se ha observado que aunque su espermiograma suele ser normal su capacidad para fertilizar está muy disminuida.
Por último, hay enfermedades como la esclerosis múltiple, el asma o las migrañas que, según los investigadores, pueden estar relacionadas en algunos casos por un envenenamiento con mercurio.

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